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La puesta en encellas
Las
operaciones sucesivas de extracción y puesta en encellas, en
su mayoría manuales y de sabor antiguo, se realizan de acuerdo
con esquemas y tiempos precisos y bien establecidos.
La masa quesera se deja reposar en el fondo de la caldera unos 45-60
minutos para que se pueda reafirmar.
Al llegar el momento de la extracción, los operadores, utilizando
una pala y un trapo, llamado “manta”, levantan la encella
en la caldera para poderla dividir en dos partes iguales –
ambas “encellas gemelas” – cada una de los cuales
se envuelve en un tejido de cáñamo o yute y se coloca
sobre una mesa inclinada.
A este punto, cada nueva encella se encierra en un “molde”,
en el pasado de madera, hoy de teflón, mantenida bien estrecha
y prensada por un pesado disco del mismo material, para que pueda
purgar todo el suero y adquirir la tradicional forma redondeada.
Al
cabo de ocho horas de la “puesta en encellas”, entre
el molde y el lado de éste (la corteza) se inserta una banda
de plástico, el molde que lleva impreso en relieve el origen,
es decir el trébol de cuatro hojas con el número de
matrícula de la quesería, las iniciales de la provincia
y el mes de producción, además de pequeños
rombos punteados sobre toda la superficie, símbolo del Grana
Padano, repartidos sobre toda la superficie, de manera que esté
presentes en cada parte de la corteza.
Después de unas 24 horas se reemplaza el molde de teflón
con uno de acero, cubierta de agujeritos ligeramente curvado, para
que el queso adquiera su forma definitiva.
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